El esfínter tiene una cierta elasticidad (nunca como la vagina), pero necesita de una adecuada estimulación y de la relajación muscular subsiguiente para dilatarse y facilitar la penetración. Cuanto más dilatada esté la zona, menos dolorosa y más placentera será la experiencia. Ello puede requerir tiempo, mucho tacto y práctica. No basta, pues, con usar lubricante. Una estimulación previa incluirá otras zonas erógenas, las nalgas, el surco y el contorno del ano.
A modo de iniciación un día puede probarse, con lubricante, a insertar la punta de un dedo y hacer círculos suaves, tocando la superficie del ano y luego el interior. Se hará más presión sólo si la pareja consiente. También se puede introducir un dedo en el ano durante la penetración vaginal, o durante un cunnilingus, mejor en los momentos de alta excitación. La estimulación adicional y simultánea, como la del clítoris o la de los pezones, o golpecitos o suaves pellizcos en las nalgas, ayudarán a subir la excitación y la relajación. La autoexploración es también una buena idea, por ejemplo dedicarse una sesión durante un baño caliente, jugando con un dedo en la zona e introduciendo la punta, concentrándote en las sensaciones y buscando diferenciar cuándo el esfínter está tenso y cuándo está suelto, comprendiendo a la vez cómo resulta posible ejercer un control consciente sobre esto.
Algunas posturas para el coito anal: si se usa la típica del galgo o perro, la pareja receptora (digamos la mujer) levanta el tórax para facilitar el ángulo de la penetración y reducir la posibilidad del dolor. Otras son: la mujer acostada bocabajo, o de pie y de espaldas al hombre, o sentada encima de él (ahí ella tiene mayor control), o la típica del misionero pero con una almohada bajo la pelvis de la mujer y sus piernas alrededor de los hombros del hombre.
Algunas parejas tienen problemas o aprensión por la aparición de posibles restos de heces, pero esto no tiene por qué suceder. Si ella ha ido al baño, esperar unas horas antes de realizar la penetración anal, de este modo las paredes internas del recto tienen más tiempo para reabsorber de forma natural los residuos de materia fecal. Beber mucha agua y cuidar también la alimentación, procurando que sea equilibrada y rica en fibra, con lo que las heces serán más compactas y “limpias”.